
Cada año, la llegada del 8M se espera la movilización de mujeres en México y en muchos otros países por la conmemoración y visibilización de la lucha por el Día Internacional de las Mujeres, pero ¿es un día para felicitarlas? Esta pregunta es clave, pues aunque la intención pueda parecer amable, las especialistas en feminismo y derechos humanos coinciden en que la respuesta es un no.
El 8 de marzo no es un cumpleaños ni un reconocimiento a la “esencia femenina”; es una conmemoración con raíces profundas en la protesta social y la exigencia de justicia.
Al hacer felicitaciones se puede caer no solo en un error histórico, sino que, según expertas, funciona como un mecanismo para invisibilizar las deudas pendientes con la seguridad y la igualdad de las mujeres.
La diferencia entre celebrar y conmemorar es importante para entender el sentido de este día, pues el origen del 8 de marzo se remonta a las cruentas luchas de finales del siglo XIX y principios del XX.
Regalar flores mientras se ignoran las cifras de feminicidios o la brecha salarial es, en palabras de Elia Paulina, “como llevarle pastel a alguien que está exigiendo que no lo golpeen”, es decir, una minimización de la realidad.
Cada 8 de marzo no se festeja a las mujeres, se conmemora la lucha. En palabras de la psicóloga, felicitar sería aceptar que todo está bien, cuando la realidad es otra.
Este día, los hombres, instituciones y empresas pueden sumarse a la conmemoración, su participación es clave para el avance en esta, más deben hacerlo no desde la minimización sino con ejercicios en pro de las mujeres.






