La más reciente misión robótica de la NASA a Marte, ESCAPADE, quizá debería haberse llamado “El gran escape”, dadas las veces que ha eludido la fatalidad.

Los datos que finalmente recoja la misión proporcionarán pistas sobre por qué Marte, que antaño poseía una espesa atmósfera y sobre cuya superficie fluía agua, hoy es frío, seco y casi carente de aire.

La misión, que se lanzó el jueves, también podría servir como “pionera” de cómo la NASA podría obtener un mayor provecho de sus empresas científicas, dijo Rob Lillis, investigador principal de la misión.

Inicialmente, la NASA rechazó la propuesta de Lillis hace varios años. Más tarde, ESCAPADE —una abreviatura en inglés de Exploradores de la Aceleración y Dinámica del Escape y el Plasma— solo obtuvo el visto bueno de la NASA debido al cierre del gobierno federal en 2018.

Y entonces la expulsaron de su transporte al espacio.

A pesar de todos estos problemas, el Laboratorio de Ciencias Espaciales de la Universidad de California en Berkeley, que dirige la misión, y Rocket Lab de Long Beach, California, entregaron conjuntamente dos naves idénticas al Centro Espacial Kennedy de Florida el año pasado, a tiempo y dentro del presupuesto.

Pero el cohete que finalmente las lanzaría —un diseño totalmente nuevo llamado New Glenn de Blue Origin— no estaba listo.

Así que las dos naves espaciales fueron enviadas de vuelta a California y almacenadas, y los planificadores de la misión tuvieron que idear otro camino hacia Marte.

Esta misión tiene nueve vidas, afirmó Lillis, en referencia a la legendaria resistencia de los gatos.

“Es algo con lo que bromeamos en el equipo”, dijo Lillis, científico planetario del laboratorio de Berkeley.

Sin embargo, justo antes del lanzamiento se produjeron un par de retrasos menores más.

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